ANGEL's profileANGELPhotosBlogLists Tools Help
Photo 1 of 107
More albums (116)

ANGEL SANTOS SANTIAGO

Occupation
Location
Interests
E-MAIL: ANG_STGO80@HOTMAIL.
COM
ALGUNA DUDA...DA...UNA RAZON
March 17

¿Sigues ahí?

Bienvenido.

 

Espero que tú estancia en este pequeño espacio te haga reflexionar de algunas cosas que están ahí y que seguirán estando. tan solo es cuestión que te levantes de esa silla, la decisión es tuya. disfruta, o sigue viendo como los demás pueden hacerlo.

 

Agradezco tú visita. en verdad.

 

                             Gracias…

 

 

ángel.DSC00541

March 05

VEINTI TANTOS...

La crisis de los Veinti... TANTOS

 

Te empiezas a sentir inseguro y te preguntas dónde estarás en un año o dos, pero luego te asustas al darte cuenta

que apenas sabes donde estás ahora.

 

Te empiezas a dar cuenta de que hay un montón de cosas sobre ti mismo de las que no sabías y que quizás no te

gusten. Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos; es más pequeño que hace unos años atrás...

 

Te das cuenta que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios... por diferentes cuestiones: trabajo,

estudio, pareja, etc... y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato.

 

Las multitudes ya no son "tan divertidas"...hasta a veces te incomodan.

 

Y extrañas la comodidad de la escuela, de los grupos, de socializar con la misma gente de forma constante. Pero te

empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos, otros no eran tan especiales después de todo.

 

Te empiezas a dar cuenta que algunas personas son egoístas y que a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no

son  exactamente  las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan

ser amigos de los mas importantes para ti.

 

Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntas como

esa  persona  que  amaste  tanto  te   pudo   hacer   tanto  mal.  O   quizás   te   acuestes   por   las   noches   y  te

preguntes por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor.

 

Y pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios y algunos empiezan a casarse.

 

Quizás    tú    también  amas  realmente  a  alguien ,  pero simplemente no estás seguro si te sientes preparado para

comprometerte  por  el  resto  de  tu  vida .  Atraviesas  por  las  mismas  emociones  y  preguntas una y otra vez, y

hablas con tus amigos sobre los mismos temas porque no terminas de tomar una decisión.

 

Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos y emborracharte y actuar como un idiota empieza

a parecerte verdaderamente estúpido.

 

Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo.

 

Miras  tu  trabajo  y  quizás  no  estés  ni  un  poco  cerca  de lo que pensabas que estarías haciendo. O quizás estés

buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo.

 

Tratas  día  a  día  de  empezar  a  entenderte  a  ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven

más  fuertes.  Ves  lo  que  los  demás  están  haciendo  y  te encuentras a ti mismo juzgando un poco más de lo usual

porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es.

 

A veces te sientes genial e invencible y otras... solo, con miedo y confundido. De repente tratas de aferrarte al pasado,

 pero te das cuenta que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando.

 

Te preocupas por el futuro, préstamos, dinero...y por hacer una vida para ti. Y mientras ganar la carrera seria grandioso,

 ahora tan solo quisieras estar compitiendo en ella.

 

Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello. Todos nosotros

tenemos "veintitantos" y nos gustaría volver a los 17-18 algunas veces.

 

Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza... pero TODOS dicen que es la mejor época

de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos...

 

Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro. Parece que fue ayer que teníamos 18...

¿¡Entonces mañana tendremos 30!?¿¿¿¡¡¡Así de rápido!!!???

 

Un abrazo a todos los amigos de ese circulo veinteañero...

 

 

 

January 15

Nuestros antepasados...

 

                                                                          LA FUNDACIÓN DE IXTLÁN

 

I. Pedro García, de ochenta años de edad en la época de su fallecimiento, originario del lugar, con el sobre nombre Zapoteco de VETU LOO SCHIA, o sea “Pedro sobre la piedra”, de escasa cultura puesto que sólo habló el Zapoteco y entendió pocas palabras del castellano, sin conocimientos, meses antes de su muerte relato lo siguiente:

“Hace mucho tiempo, pero mucho tiempo, tal vez como unos cuatrocientos años, que nuestros abuelos, viviendo tranquilos en Ladú, fueron amenazados por enemigos poderosos que venían a quitarles las tierras y sujetarlos bajo el mando de un jefe y rey llamado Moctezuma, de muy lejanas tierras, ca-nee-dic-ta (los de México).

Una vez en Tuxtepec, en la tierra baja, de un solo paso (jornada) llegaron hasta Ladú, donde dejaron en señal de su paso una campana de piedra que todavía está; el siguiente paso lo dieron hasta el cerro “de los cuarenta días”, y como señal dejaron pintados el sol y la luna detrás del 'cerro de Cuachirindoo' (aun se puede divisar en la actualidad, pero con la inserción de una cruz que fue hecha por un cura en la época colonial). De allí se dirigieron por el rumbo de Mitla, y en el lugar llamado Albarradas dejaron como muestra de su paso sobre unas piedras dibujos de unas culebras.

Era muchísima la tropa que lo acompañaba, siendo respetados y temidos por todos los pueblos; el jefe era tan poderoso que los mismos cerros se pandeaban para darle paso, los ríos suspendían su curso para que los cruzara y hasta los animales le ayudaban; las víboras se ponían mas ponzoñosas, las hormigas molestaban a sus enemigos y las águilas y zopilotes volaban sobre ellos; si veían enemigos volvían para avisarlo, y cuando estaban en marcha la tierra temblaba a su paso.

Eran muy cuzcos, observadores maliciosos, todo lo registraban, nada escapaba de su mirada y muy desconfiados; todo lo destruían, se comían cuanto encontraban y lo demás se lo llevaban; hazte cuenta que se trataban de langostas. Ocuparon todos los pueblos y todo lo robaban. Nuestras gentes, para evitar su encuentro, se escondían en los bosques más espesos, y los que podían les hacían frente, pero siempre que tuvieran la ventaja.

Nuestras gentes se les enfrentaron en Cuachirindoo, y en la pelea murió nuestro capitán Juppa, de una flecha envenenada. Sus soldados, de pena, ya no regresaron a Ladú y se quedaron para fundar el pueblo".

 

II. Don Federico H. Toro, escribe la Leyenda Zapoteca de Ixtlán, tradición del año de 1468.

“Entre un bosque cubierto de cedros, caoba y mameyales existe una choza que está construida de piedras y cubierta con tablas toscas de aromáticas maderas.

Está situada en un ligero plano inclinado, y óyese el rumor de la corriente cristalina que se desborda entre los peñascos, alla en el fondo de la cañada, donde los bobos y las anguilas tienen su habitación constante. Este río nace en la vertiente del Cuarentena, conocido en Zapoteco con el nombre de Lachiuxia.

Por la inclinación del terreno se precipitan las corrientes, siendo una temeridad pasar sus aguas a nado si antes no se coloca una cuerda de un lado a otro para auxiliarse en los lugares en que éstas tienen mayor fuerza.

Un par de donceles habita la choza antes descrita, jóvenes ambos que hace sólo quince días que el hup-pa betoo(el que cuida de la divinidad) los unió con los indisolubles lazos del matrimonio, revistiendo la ceremonia la solemnidad acostumbrada.

Concluidas las fiestas, que duran ocho días y fueron espléndidas, por tratarse del casamiento del hijo del cacique con la hermosa sucesora del monarca

 

 

Reinante, se trasladaron a su nueva habitación. dotados ambos con cuentas de diversos colores y pieles de las bravas fieras cazadas en el bosque por los habitantes de aquel reino, pensaron en fabricar su choza en un lugar solitario y poético, en donde gozar de las primicias del matrimonio y pasar así, sin testigos ni zozobras, la encantadora luna de miel.

Vedlos ahí en la choza, sentados sobre dos hermosas pieles de tigre y adornados todavía con los rosarios de la sanguinaria deidad emblema de la unión conyugal; vedlos, tiernos y amorosos, reclinando la cabeza de la una sobre el nervudo brazo del otro, prodigándose mutuas caricias.

"¡Cuán felices somos!", se dicen entre si en los momentos en que con los ojos de la imaginación se sorprenden de su solitaria mansión.

 

Nada ansían para el presente, porque amor y ventura, dicha y felicidad se albergan en sus pechos y mutuamente brindan en la copa del deleite, renovándose las tiernas caricias que antes de sus nupcias se habían prometido.

Todo respira felicidad, y hasta las mil pintadas avecillas que pueblan el bosque parece que se esfuerzan en entonar sus m s armoniosos trinos.

La Naturaleza les ayuda a gozar, porque ha dotado aquellos campos de verde follaje, de variadas y aromáticas flores y es el horizonte tan amplio que el hombre parece que respira con más fuerza, porque el ambiente es más puro y fresca la brisa y el panorama espléndido.

Con inclinación al ocaso, y tal vez formando un punto céntrico con el norte, como para mejor marcar al noroeste, se ve una montaña blanca, que despide preciosos resplandores cuando los rayos del sol la bañan. Es el Schia-Belia, o sea el "Pico de Orizaba".Es la hora en que el sol comienza a ocultarse.

Poco a poco una oscuridad pavorosa va inundando los campos, y el triste cantar de los grillos sustituye al de las aves, que se han recogido en sus nidos; mas por el oriente ya se dibuja la línea de plata, y poco a poco, como temiendo distraer a nuestra pareja, la luna asoma su pálida faz.

Un búho se sienta sobre uno de los  árboles cercanos a la choza y brama más que canta, pues su voz parece la de un becerro hambriento.

La enamorada pareja despierta de su éxtasis y oyen atemorizados los roncos cantos del ave nocturna.

La joven esposa se abriga en el pecho de su compañero y temblorosa no acierta a pronunciar palabra; pero el atlético doncel se repone del momentáneo pavor que lo había sobrecogido y consuela a su bella esposa, infiltrándole con sus palabras confianza y valor para no temer nada malo del inesperado visitante, y para mejor persuadir a su joven compañera de lo inofensivo del tecolote, coge su flecha y, con certera puntería, atraviesa el pecho del animal, que cae pesadamente sobre la hojarasca dando los últimos aleteos para morir.

Vuelta la calma, se dirigen a tomar sus alimentos para dormirse en seguida, cuando otro sonido les llamó de nuevo la atención.

Era el toque de la concha, con el cual sus mandatarios convocaban a reunión para algún caso urgente.

A su llamada deben concurrir todos los hombres.

Mal concluida la cena y maldiciendo del canto del búho, con la coincidencia de la llamada superior, que ellos creían la consecuencia lógica del anuncio recibido, ambos se encaminan al centro de la población para dejar en la casa del pariente mas cercano a la esposa e ir en seguida el joven a ponerse a las órdenes del up-pa yetzi (el que cuida del pueblo).

De todas las chozas salen los hombres en dirección a la casa del centro, Yucc-lahui, donde los espera de tener noticias de que los aztecas han invadido los pueblos del Valle y que es casi seguro que sean atacados por los ambiciosos mexicanos, y con la premura que el caso demanda nombran jefes a los mas arrogantes jóvenes para defender el territorio. Se forma el plan de defensa y es acordado que las fuerzas avancen hasta Layetzi y que se traslade una parte del pueblo para que sean atendidos los guerreros en sus alimentos, en virtud de que las extensas colinas en que esta  Ladú no presenta ventaja alguna para hacer la resistencia.

Se cita para la marcha a las seis de la mañana y la junta se disuelve precipitadamente.

Nuestro personaje, pensativo y con tardío paso, se dirige a recoger a su esposa, que lo espera impaciente, y se retira a la choza luchando en su interior con dos encontradas afecciones; el amor a la patria y el infinito amor a su esposa; pero no hay que dudar mucho; la quiere, s¡, es verdad, pero también es cierto que su pueblo peligra, que si los mexicanos penetran hasta sus hogares harán esclavas a sus mujeres y perderán sus tesoros; de modo es que al defender a su patria defiende su hogar o su querida Lap-pa de caer en garras de gente extranjera.

En pocas palabras le dice a su cara mitad que debe partir, y que es forzoso que ella se quede cuidando de su hogar e intereses. En vano son las lágrimas de la bellísima Lap-pa para acompañar a su marido, ofreciéndole hacerse fuerte en todas las vicisitudes de la guerra; él se opone prudentemente, porque no quiere que la mirada de tan preciosa joya aliente el ardimiento de los invasores.

Por fin se despiden entre lágrimas y sollozos, entre abrazos y tiernas caricias, protestándose mutua fidelidad y pensar recíprocamente en los seres ausentes.

Con aire marcial y llevando en las espaldas un puñado de flechas envenenadas, en el brazo una maza fuerte y en el cinto una honda, se presenta Juppa, que es nombrado inmediatamente jefe de la expedición.

 

No les faltaba razón; nadie con mas brío, con mas destreza y arrojo caza a los leones, a los tigres, a las panteras que asedian la comarca; ninguno con tanto tino dirige una cacería y ninguno como el conoce los campos y las montañas en todos sus repliegues, vertientes y sinuosidades.

Marchan resueltos con rumbo al sur, por donde se teme la invasión, y el intrépido Juppa manda avanzadas de exploradores por las principales alturas, mientras el con el grueso de su fuerza se dirige al punto a Layetzi, donde instala a las vivanderas, ocupando las alturas de Schia-yadia, Schia-rhulaba y el contrafuerte de Yuuveree, y aquí espera durante cuarenta días la llegada de los invasores, pero por falta de agua en las alturas de Schic-chu-ubitza ("Cerro de los cuarenta días") se ven precisados a dejar tan magnífico baluarte.

Las avanzadas han sido dirigidas a Latzi-yela (Ixtepeji) y la Latzatoo (Lachatao), regresando y manifestando que no se tienen noticias de que se dirijan a este rumbo los invasores.

Juppa manda regresar la mayor parte de la fuerza para comunicar tan fausta nueva a Ladú, quedándose con un puñado de valientes en el cerro de Schic-yaa-diac ("Cerro del palo tierno"), hoy Cuachirindoo, para estorbar el paso de los que pretendieran internarse en sus posiciones.

 

Pasan varios días sin que se aviste al enemigo, y ya la confianza comenzaba a apoderarse de los pacíficos habitantes de Layetzi (Ixtlán), cuando al despertar la aurora de un sereno día del mes en que a los madroños se les caen sus hojas, las hiedras silvestres revisten con sus campánulas azules las copas de los arbustos y el zempazúchil amarillo cubre los bordes del camino (noviembre) un espía o centinela avanza y avisa a Juppa que el enemigo esta a corta distancia.

No hay tiempo que perder.

Las mujeres con sus hijos deben remontarse hacia Shoolacuana y los Naguetzi, mientras la corta guarnición se agrupa alrededor de su jefe esperando el momento del combate.

Con tan pequeña fuerza no es posible iniciar el ataque y sólo se aprestan a la defensa; entretanto un enviado extraordinario, que casi vuela, va a dar la noticia a Ladú de que el enemigo se avista, para que le remitan auxilios.

Los mexicanos comparan sus fuerzas con las de sus enemigos y, viendo su reducido número, respectivamente se lanzan sobre

Piedra trabajada la cual era utilizada para herramienta de trabajo o defensa.

 

ellos, seguros de aniquilarlos.

Airado Juppa acepta el reto, dispuesto a vender cara su existencia y la de sus pocos subordinados, porque si bien saben que la lucha es desigual, defienden en cambio la patria, el hogar, la justicia y además son provocados.

Con risas, carcajadas y denuestos se aproxima el azteca a la cúspide del Schiacc-yaa-dia, seguro de su triunfo, entre el monorritmo del huehuelt, que rompe el ambiente, seguido de burlescos chiflidos.

Por fin se aproximan, y antes de su encuentro personal, las hondas y las flechas hacen los primeros estragos en las filas de los mexicanos, que no esperaban una puntería tan buena en sus contrarios.

La falange retrocede, esperando la llegada del auxilio ya pedido.

Con más precauciones y brío la lucha se renueva; esta vez los mexicanos pretenden el asalto de la fortaleza; pero a la maniobra les contestan los encargados de hacer rodar las piedras, los que en pocos momentos limpian su campo de enemigos.

En auxilio de los derrotados acuden nuevas tropas, y ahora la lucha se convierte en un desafió cuerpo a cuerpo; bien pronto quedan eliminados los jefes mexicanos, siendo en vano que alguien trate de asumir el mando, es inútil, porque pagan con la muerte su osadía.

La batalla se ha prolongado más tiempo del calculado; el sol empieza a ocultarse en el ocaso; las sombras de la noche y la topografía del lugar no permiten continuar la lucha, que ha permanecido indecisa.

Juppa y sus valientes se han multiplicado para defender el fuerte; han caído algunos de los suyos; pero el enemigo ha dejado un reguero de cuerpos mutilados y gran cantidad de heridos, que se revuelcan en su propia sangre, abandonados por los suyos, y que se pasan la noche lanzando gemidos lastimeros.

El azteca ha recibido una afrenta; abandona el sitio, dejando regados en aquel peñón los laureles conquistados en Liobaa (Mitla) y demás pueblos del Valle de Huaxyacac o Lulac (Oaxaca).

 

Juppa y los suyos se disponen a descansar de la ruda tarea; pero al jefe le molesta un pequeño rasguño, recibido de seguro de la punta de una flecha mal dirigida o desviada, dolor que con las horas va en aumento.

En las primeras claridades del nuevo día se comprende que el veneno de la flecha hace sus efectos en el brazo del jefe, al que sus compañeros tratan de curar y salvarle la existencia; pero es en vano, pues después de breve agonía deja de existir entre los musculosos brazos de su fiel amigo y leal subordinado Tzaladina (Tzala-Diana: "Siempre que se va".) Las últimas palabras del héroe fueron instrucciones para que la guarnición regresara inmediatamente a lat-ti rhua ya Lappa (donde esta la morada de Lappa), para consolar a su esposa de su suerte y decirle que sus últimos pensamientos y palabras fueron dedicados a su adorada Lappa.

Enterrado el cadáver en el mismo lugar del combate, la pequeña pero heroica fuerza levanta el campo, y silenciosos y cabizbajos toman el camino de su querido Ladú”.

 

III. Variando un poco a las dos anteriores tenemos la siguiente:

“Cuachirindoo, capitán Zapoteco conocido con el nombre de Catziriguirridoo, según la tradición, o Cuachiguirindoo si hemos de atenemos a la etimología, según la cual el vocablo quiere decir 'buena lumbrera de los altares', sabiendo que los españoles habían pisado el territorio nacional, se separó con cien hombres de su residencia en Ladú, situada entre Tiltepec y Ozumacín, con el laudable propósito de defender la frontera meridional de la Sierra de Ixtlán. Situado en una montaña al sureste del cerro de Naguetzi-rreni, la fortificó convenientemente, levantó en el recinto casas con buenos aljibes y esperó al enemigo, el cual no se presento a batirlo por haber llegado la paz a la región zapoteca en el año 1521.

Cosijoeza, rey de Zaachila, le dio las gracias por su vigilancia y patriotismo, ordenándole que sin prescindir de su propósito fundase en el lugar una colonia; hízolo así, pero en un sitio de mejores condiciones para la vida y bien defendido por su posición topográfica1”.

 

 

IV. El  H. Congreso del Estado de Oaxaca presenta el 17 de Septiembre de 1883 el siguiente:

“Probablemente una población guerrera vino a ocupar este lugar, hoy Ixtlán, porque la tradición asegura que al lugar Ladín ubicado entre Tiltepec y Ozumacin, vinieron los primeros pobladores á fortificarse en el cerro de Cuachirindó, donde aun existen vestigios de atrincheramientos, casas y aljibes; pero no siendo invadidos por los enemigos, dispusieron bajarse donde tuvieran mas comodidades y fueran defendidos por la situación topográfica en caso de un ataque.

 Se asegura que el general de las fuerzas fortificadas en el cerro de Cuachirindó se llamaba Cuachiriguindohó ó Cuachiguirindoo, cuyo jefe capitaneaba 100 hombres que pelearon contra los españoles en tiempo de la conquista2”.

 

 

 

                                                                                                                                            Transcrito por: Adrian Santiago Cruz.

June 27

Soñar que todo es como lo quieres

El mundo es alucinatorio y por lo tanto,
no podemos conocerlo. Pero si podemos
soñarlo. Toda imagen del mundo es una
ficción. Cada dibujo,  cada  explicación
del mundo es tan válida como cualquier
otra.

                       Jorge Luis Borges.
May 03

VEN Y CONOCENOS....

VEN... CONOCENOS
 
 
 
 
Empresa comunal pensada en tí, realmente vale la pena hechale un vistaso a la pag. y animate a venir.
 
 
 
Empresa tambien comunal, para tí que eres de gustos exigentes, podras ver diferentes productos para tu casa u oficina. checala.